Me pareció muy sugerente la imagen que el profesor de las Heras nos dio en clase sobre los pliegues que conforman el nuevo mundo digital. Me recuerda a cuando era pequeña y doblando una hoja de papel sobre sí misma varias veces, construia una especie de juego en el que moviendo el artilugio creado con los dedos tenías que elegir un color y al hacerlo, el papel se iba levantando y surgían de él diferentes mensajes. Ahora, con el libro digital, tenemos en nuestras manos la mayor figura de papiroflexia que el hombre jamás pudo imaginar: el libro-mundo, el libro de libros, ese sueño que desde siempre hemos perseguido queriendo construir la novela total.
Todas esas cualidades del nuevo mundo que se nos presenta tras el espejo: densidad, accesibilidad, espacio blando, especularidad, disolución, ubicuidad y deslocalización, se pueden ver perfectamente reflejadas en este nuevo soporte que en unos años se situará muy de cerca junto al libro de papel. Podremos tener muchos libros en uno solo; la cultura y la lectura estarán más que nunca al alcance de casi todos; podremos retocar y versionar nustros propios relatos sin dejar huella y con muy poco coste; mezclaremos, si así lo deseamos, imagen, texto y sonido, lo que permitirá un sinfin de posibilidades creativas al alcance de los autores; nos moveremos por la historia y podremos caminar por diferentes lugares para llegar a finales distintos.
Lo que hace solo unos años ponía los pelos de punta a las editoriales, el año pasado, en la feria de Frankfurt, se convirtió en el centro de atención de todos los asistentes, y ello a pesar de que Gottfierd Honnefelder –presidente de la Asociación Alemana de Editores y Libreros– comenzó su discurso de apertura en la Feria -parafraseando a Umberto eco-, afirmando que "la invención del libro es como la de la rueda o la cuchara, perfecta, no se puede mejorar”.
Como vemos, este es un ejemplo de resistencia claro: las palabras de apertura se contradecían con el hecho de que la feria destinase gran parte de su espacio y recursos a este nuevo soporte y de que la mayoría de las editoriales lleven años trabajando con las versiones digitales de todo su catálogo. Quizás en poco tiempo el sueño de muchos padres se convierta en realidad cuando sus hijos se vayan al colegio con una pequeña y ligera mochila en la que irá el bocadillo y un libro digital.
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